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miércoles, 3 de agosto de 2011
Te amo porque conozco cada rincón de tu rostro, Te amo porque me sé cada esquina de tus ojos.
¿Y me preguntas porque te amo?
Te amo porque te echo de menos, te echo de menos ahora y siempre, porque cada segundo que paso sin ti es una tortura, porque cada segundo que paso contigo es una locura.
Te amo porque cada noche me duermo abrazada a mi almohada pensando que eres tú, Te amo porque todo es único cuando estoy contigo.
Te amo porque ... Te amo porque soy una egoísta y se que necesito estar contigo...
Me siento bien ahora, contigo, aunque muchas veces estemos lejos. Pero lo mejor es que cuando te veo quiero comerte sin condiciones, pero algunas veces parece que tú no.
Perdóname por ser así de niña muchas veces, por no tener fuerza para hacer lo que realmente quiero hacer, para no decirte lo que quieres escuchar, por no tocarte como quieres que te toque.
Por esto me siento mal conmigo misma. No sé si soy como a ti te gustaría que fuera, no sé si hago lo que tú tienes ganas de hacer.
Quiero abrir los ojos todas las mañanas del resto de mi vida y verte a mi lado. Quiero que me digas que ronco al dormir. Quiero desayunar contigo los domingos de resaca. Quiero decirte que estoy agotada por tu culpa y que te rías. Quiero quedarme dormida en el sofá y que me acaricies el pelo. Quiero discutir contigo por todo (y luego reconciliarnos). Quiero visitar contigo al menos dos ciudades extranjeras. Quiero hacerte un millón de fotos y contarte cómo me gustaría decorar mi vida. Quiero echarte de menos cuando te acabes de ir. Quiero ir a dar un paseo por la playa a las 11 de la noche en invierno. Quiero que te enfades conmigo y me mandes a dormir al sofá, y volver a la habitación a las 4 de la mañana, tropezar con un armario, y meterme en la cama como que no ha pasado nada, mientras tú haces como que sigues dormido y sonríes. Quiero quejarme por ver siempre tus pelis en el cine y que luego elijas la que yo quería. Quiero abrir una botella de Brugales y White Labels contigo. Quiero indignarme por cualquier tontería y quiero que me abraces fuerte fuerte y no me sueltes nunca. Yo no te soltaré.
No buscaba nada raro, sólo alguien que me eche de menos aunque hayamos pasado todo un día juntos, alguien que se ponga nervioso al verme, que no se aburra de mis charlas aunque pasemos cinco horas al teléfono, que se alegre de escucharme. Alguien que me acompañe siempre a casa y haga divertido el camino, por más largo que sea; Alguien a quien pueda besar por un simple impulso sin sentirme atrevida. No me importan los regalos, las cenas ni las flores, mientras él demuestre admiración, me conformo con saber que conmigo es donde más le gustaría estar siempre. Y que conozca todas y cada una de mis sonrisas, alguien que elija quedarse conmigo aunque tenga otros planes, que sienta que antes de mí ninguna otra existió, que sus amigos se cansen de escuchar mi nombre. Que sienta que se le cae el mundo encima si discutimos y me abrace tirando su orgullo a la mierda, alguien que me haga reír hasta llorar, y me haga reír cuando no puedo dejar de llorar, que cada una de las canciones que escuche le recuerden a mí. Alguien que me haga sentir la chica más afortunada del mundo, sólo por el echo de tenerlo a él.
Tenemos miedo. Miedo a vivir. A sentir. A querer. A redescubrirnos, o a descubrirnos. Miedo a ser felices.
Tememos el cambio. Nos obstinamos en dejar todo como está, por temor a que todo cambie. Suena absurdo, pero es así. Queremos el cambio, pero tememos que al fin suceda. Así que, no lo intentamos. Preferimos la infelicidad que nos da la seguridad, a la futura felicidad que tendríamos cuando todo se pusiera patas arriba.
Nos deshacemos en palabras...de amor, de odio, de felicidad. Palabras que esparcimos a nuestro alrededor, poniendo toda nuestra energía en cada sílaba. Intentando expresar todo lo que cabe en nosotros a través de simples palabras.
Nos deshacemos en lágrimas…Cuando somos felices. Cuando estamos destrozados. Somos tan sencillos, que ambos sentimientos los expresamos de igual forma. Tan enrevesados aparentemente…para, al final, ni siquiera poder encontrar dos formas para sentir algo opuesto.
Y al fin, nos deshacemos en letras absurdamente ordenadas. Porque cuando ya no queda nada que sentir, nada que decir, nada que hacer, solo escribimos. Escogemos con sumo cuidado cada letra. Las enlazamos entre sí, las combinamos como si de una melodía se tratase. Transmitiendo a las yemas de nuestros dedos todo lo que nos está pasando. Todo lo que ronda por nuestra cabeza. Como si fuera magia. Diez latidos jugando al escondite con cada letra.

